La tormenta es el momento más sincero de nuestras
vidas,
cuando estamos destruidos, cuando no hay a donde
correr.
Cuando estás tirado y no hay a quién pedir ayuda,
cuando has defraudado a cada una de las personas
que alguna vez confiaron en vos,
cuando estás solo y te ha abandonado toda suerte.
Cuando la noche te acuchilló por la espalda
podés despertar tranquilo, que ya nada será como
fue entonces,
y te das
cuenta que fue bueno conocer el fondo
y haberlo vivido tan intensamente.
Fueron buenas las puertas cerrándose
y el techo cayendo sobre tu cabeza
fue bueno matar y fue bueno también morir.
Aquellos
meses bajo los escombros,
fortalecieron tu espíritu
y tus ansias
de libertad.
Y podés salir de tu casa una mañana de un sol que
raja la tierra
y sentir que tu alma lo absorbe y crece como una
planta.
Sentir que nunca estuviste tan lejos,
que siempre
que sufriste todo esto ya estaba acá,
comprendés una vez máqs que el milagro de la vida
jamás se extingue
aunque no querramos verlo.
Te das cuenta que tu visión te condiciona,
te gustaría arrancártela y tirarla al río,
te gustaría arrancar todas las mentiras
que cubren las ciudades
como la mala hiedra.
Quizás es momento de hacerlo,
quizá fue por eso que no caíste.
No hay comentarios:
Publicar un comentario