Un lago del color del fuego
se apodera de las almas y el cielo.
En las doradas costas, las alamedas
se dibujan con soñadoras nubes de musgo
y el agua no es agua, es el espejo
del cielo despertando lentamente…
Incendiando la hermosa mañana
insomne naranja amarillenta.
Y luego de horas sin sueño,
casi de repente, el cielo ya no es
una acuarela progresiva, sino
el día enteramente despierto
y con los colores muere la ilusión
y con ella todo, todo muere.
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