Las clases comenzaron a fines de Mayo ese año, los chicos jugaban al fútbol hasta cualquier hora, las chicas cazaban arañas y mariposas. Pero los Hernández no tenían paz: eran siete hijos en casa, y les faltaban las actividades para llegar cansados a la noche. No había catarsis posible para Marita y Don Clotildo, los querían fuera, haciendo lo que sea.
Sus vecinos los Mastropiero no tenían esa preocupación: eran padres de un solo chico, que se cuidaba solo con los videojuegos, tenían empleada que les cocinaba y juntaba la caca de Chucho, el caniche de Doña Rememoranza.
Mercedes Hernández tenía seis años por ese entonces, pero ya había germinado en ella la semilla de la revolución. A los veinticuatro se encuentra en proceso judicial por haber incendiado un centro comercial.
Sus vecinos los Mastropiero no tenían esa preocupación: eran padres de un solo chico, que se cuidaba solo con los videojuegos, tenían empleada que les cocinaba y juntaba la caca de Chucho, el caniche de Doña Rememoranza.
Mercedes Hernández tenía seis años por ese entonces, pero ya había germinado en ella la semilla de la revolución. A los veinticuatro se encuentra en proceso judicial por haber incendiado un centro comercial.
1 comentario:
no se como se llama este tipo de historias, pero es lo mejor del mundo terrestre y marciano..
Yo la entiendo a mercedes, nada más transformador que el fuego.
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