Llego a la tierra de los grandes castillos
tierras que suceden las vastas cordilleras
de la oscuridad, esa transpiración helada
de la fiebre y la locura
se apodera de mi cuerpo.
Llego azotado por tormentas
y las puertas no se abren,
nadie habita tras ellas.
Mis pasos fantasmagóricos
de caminos sinuosos
se deshacen en el viento
en la boca la sangre seca
de una infección crónica.
Nadie se asoma a las ventanas,
solo es otro viajero
cruzando el desierto.
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