La ciudad se llenó de basura,
las bolsas de desperdicios constituían
el maldito nuevo hábitat de los sobrevivientes,
gente cada vez más mutante.
La fetidez impregna nuestra esencia
chorrea una materia viscosa y purulenta.
Los gatos despiertan violentamente
de su sueño-vigilia
pero la ciudad ya es de las ratas.
Que acumulan y se regocijan
y roen las entrañas.
En la anti-querida sociedad empastillada
solo si hacés lo que dicen sin chistar
no te dicen nada, pero nada de nada
y te dejan creer que sos.
Lo ignorás, pero tenés un chip en la mente
que les dice cuando comés un helado,
cuándo andás seco de vientre
y cuándo te pensás suicidar.
¡¿Quienes?!! Ellos, por supuesto.
Los dueños de la pelota,
el transa que negocia con tu alma,
el colectivero que te quiere matar,
el gobierno empastillador por excelencia,
la tele, nosotros mismos, y hasta carajo el perro.
Giles contra giles conspirando contra giles.
Ha llegado, damas y caballeros, la hora de la evolución
para volar, se empieza con soñar que se vuela.
No hay comentarios:
Publicar un comentario