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Estuve viviendo algunos días
en la casa de mi amigo artista,
que como la mayoría de ellos
vive en la mas absoluta
y despreocupada banalidad.
Su casa huele a mierda de gato
a mierda
a gato.
Se emborracha a medida
que avanza el día
porque así lo dice su Dios.
Hoy volvió de mañana
con merca
y malandras
es admirable,
lo toma con la seriedad
con que un hombre cristiano
va a su iglesia.
Conviviendo con él
me cuestiono
que tan fuerte
es mi compromiso con el arte.
Acepto la botella de vino
que me ofrece
y me emborracho.
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