Una hoja sobrevuela los techos,
a las cinco y cuarto de la mañana
las ventanas se cierran, al oírse
pasos y murmullos de forasteros.
La impersonalidad marco la noche,
se imprimió en la vida de este barrio.
El frío disipó a los peces que nadaron
a un calor lejano, hasta sentirse a salvo.
Retumban los tambores del tiempo
los trenes pasaron, como siempre.
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